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viernes, 13 de abril de 2012

El ciruelo y la vasija de lejía


ANTIGUA CARRETERA AFIRMADA A SUMANIQUE
ACTUAL ENTRADA ASFALTADA A SUMANIQUE CON VEREDAS Y ÁRBOLES A LOS LADOS
Tenía una cuñada llamada RosmeryAguilar, a quien visitábamos de vez en cuando en aquellas casas huertas del fondo del caserío de Sumanique. Los años ‘80s mostraban unas viviendas que casi no habían cambiado desde años atrás.
Mi madre Olga me enviaba para algunos recados junto con mi hermana Roxana, aún éramos muy pequeños, niños de primaria. __¡Vayan y tengan cuidado! ¡Caminen por el lado de la izquierda donde hay una acequia, salten y si alguien les llama no hagan caso! __ Decía mi madrecita.
Cuando a veces era algo tarde nos decía __Mejor caminen y regresen por la primera calle que entra a Sumanique caminen de frente__ Yo seguía en lo mismo…..sin entender y más bien asustado.

Yo poseía mucha curiosidad, la gente no era desagradable, pero sí los accidentes que uno puede tener al pasar por un lugar que casi no se transitaba como una calle cartavina denominadas Real, Bazar, Zafra, entre otras. A veces me parecía entender que aparecían fantasmas…mi mente estaba en esas cosas porque había escuchado relatos…pero nunca imaginé que por esa primera calle del caserío antiguo, donde había transcurrido muchas veces, había fallecido en antaño una niñita de quien mi ex profesor cuenta a continuación.
SEGÚN MI MADRE PODÍAMOS IR HASTA EL FONDO DE SUMANIQUE POR EL LADO IZQUIERDO QUE ES MÁS SOLITARIO Y POR EL LADO DERECHO (QUE ES LA PRIMERA CALLE)

De todos los ciruelos que sembró mi abuelo Arturo frente a la vieja casa que tenían mis padres en el pueblo de Sumanique, aún recuerdo el que se levantaba a todo oriundo y majestuoso cerca al pozo de donde extraíamos el agua para la casa.
Al pie de aquel árbol de deliciosos frutos, se había instalado una vasija para preparar la lejía. Era una vasija grande que tenía la forma de una tinaja de arcilla que mi padre había encontrado en una de las tantas huacas que existían en el caserío, y en la cual mi mamá echaba ceniza y agua para que con el paso de los días se convierta en lejía. Con esto, hijos, nos decía, blanqueo y desinfecto la ropa de todos ustedes.
Recuerdo que cierto día llegó a la casa un señor que sostuvo ser huaquero y le regaló a mi madre un costalito lleno de ceniza, para que usted prepare su lejía, le dijo. Nunca supimos cómo lo consiguió ni de dónde lo trajo; lo cierto es que desde que se empezó a usar dicha ceniza en la preparación de la lejía, comenzó por las noches a escucharse llantos y quejidos que parecían ser de un niño que provenía de un ciruelo donde se encontraba la vasija. Al comienzo no le dimos importancia y llegamos a pensar más bien que era el sonido que producían las ramas al ser mecidas por el viento.
LA CALLE DONDE OCURRIÓ EL RELATO

EL CIRUELO A LA IZQUIERDA ESTÁ YA PODADO Y LA CASA DEL RELATO ALGO DERRUIDA. CUANDO ERA NIÑO RECUERDO QUE TENÍA UN CERCO PARA SU HUERTA DE ARBUSTO Y SU HOL DE ADOBE Y BARRO, ADEMÁS DE UNA RAMADITA DE PALOS DE MADERA QUE LE DABA SOMBRA. 

Con el paso de los días pudimos constatar que cada vez que se escuchaban aquellos llantos y quejidos, al otro día el agua de la vasija de lejía amanecía turbia como si por la noche la hubieran removido, mientras que el ciruelo daba señas de haber sido maltratado por alguien que quería treparlo desesperadamente.
……….por temor dejamos de columpiarnos en sus ramas. Sin embargo todo siguió igual hasta aquel día en que la familia se reunió en casa para celebrar el cumpleaños de mi padre. Mientras los mayores bebían y bailaban con entusiasmo, nosotros jugábamos pro el corral de las gallinas y por la huerta llena de granados y árboles frutales.

Recuerdo bien que fue después de la hora de almuerzo que mi tía Rosenda echó de menos a su hija Maricela, de apenas cinco años de edad. Nos preguntó si la habíamos visto, no, no, no la hemos visto, le respondimos. La buscó por la casa, por el corral, por la huerta y por último la escuchamos llamándola a gritos: ¡Maricela! ¡Maricela! ¡Hijiiiita, dónde estáaaas! Mas nadie le respondía. Todos solo atinaban a darle aliento diciéndole, no te preocupes, por allí debe estar…..Pero la niña no aparecía por ningún lado.
Fue entonces que la familia en pleno decidió salir a buscarla: unos corrieron a ver si había caído al pozo de agua; otros, a las acequias cercanas………..Mis primos y yo también salimos a buscarla por el pueblo, preguntamos a los vecinos……..nadie daba razón de su paradero.
…la habían encontrado ahogada en aquella vasija de lejía.
Cuando la niña estaba perdida, la familia comenzó a buscarla a preguntar en los vecinos. En ese tiempo no había pista, ni teléfono. Se tenía que caminar por el campo.
Por esta calle también la buscaron. Cerca a esa acequia llamada "Pongochongo" que vemos ahora con costales de arena porque pensaron que se habría caído ahí. Pero ella quedó ahogada en el lugar menos pensado.

Llegaron a decir algunos que trató de jugar en la vasija de lejía o trepar al árbol de ciruelo y cayó….A los pocos días de aquel infausto suceso, mi madre mandó que arrojáramos a la acequia aquel costal con ceniza y ordenó que destruyan la vasija de lejía, y parece también quiso cortar el ciruelo, pero las “lágrimas” que pudo ver en su rostro, al hizo comprender que él también estaba triste por lo que había sucedido, y desistió de aquella idea.

Mi padre, por su parte, sólo dijo que gracias a la tragedia de la prima Mariciela el alma que penaba en la vasija se había liberado de aquel raro hechizo…..desde ese día desaparecieron por encanto aquellos llantos y quejidos y las noches recuperaron la calma perdida…..con el tiempo el ciruelo empezó a mostrar su lozanía de antes y nosotros volvimos a columpiarnos entre sus brazos….Con el tiempo nos cambiamos de casa y el pozo terminó por secarse y derrumbarse al igual que la vasija de lejía. Sin embargo hasta hoy permanece de pie aquel recordado árbol de ciruelo. Claro que ahora aluce menos frondoso y más viejo…..sus frutos siguen siendo el deleite de los niños de mi pueblo.


SÁNCHEZ VEGA, Carlos: “ENTRE DUENDES Y LUCIÉRNAGAS” . Pág. 21-27.
Fotos: Lic. Miguel Núñez Bartolo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El incendio del antiguo mercado

Era el año de 1948 y de ese mercado se habla que había hasta cargadores y los famosos triciclos que casi en nuestros tiempos se encuentran extintos. Se habla de la gente que vivía ahí dentro tenía la opción de poder cocinar para sus familias. Fue una zona entregada por los hacendados Grace.
Más o menos así era el aspecto de la gente de esa época. Pero aún habían persona a la usanza de la sierra como la señora que vemos con sombrero. Calle Zafra. Foto: Olga Bartolo.


Luego de sus labores la gente comerciante decidía descansar. Pero además ambas puertas eran cerradas a la atención. El uso de las velas y las lámparas a kerosene era común en esos tiempos. El antiguo mercado poseía dos grandes puertas: uno principal que da a la calle Coliseo y la otra que daba a la calle Ramos 2º cuadra o denominada “calle Ciega” que se encuentra conectada al Camal “Cartavio”. Sus muros perimétricos hoy están hechos entre ladrillos, cemento y adobes aunque abundaba a mediados del siglo XX el material rústico.

__¡Caserita, caserito! ¡Venga, qué le vendo!__ animaban los/las ofertantes para que sus productos sean puestos en venta inmediata.
Las verduras, los tubérculos, los cereales (el arroz y la avena), los sombreros, los yanques, el kerosene, etc. eran el pan de cada día. Todo ahí hacinado a manera de piezas de rompecabezas.

Así pues, apareció la figura de un anciano con ropa andrajosa, con reboso o creo que con alforja a la espalda donde guardaba lo que se le obsequiaba en caridad. Un sombrero acompañaba su semblante humilde propio de un habitante de la sierra. Quién iba a pensar que este personaje sería el centro de único caso acontecido en desastre cuando mis padres aún ni se conocían.

__ ¡Caridad por el amor de Dios!__ exclamaba el anciano en cada puesto al presentarse.
Llegó al puesto de una familia de apellida Ramos y entonces sucedió un diálogo no ameno según fuentes orales de la gente.
__ ¡Una limosnita por el amor de Dios!__ expresó el mendigo.
__ ¡No tenemos plata para darle! ¡No hay dinero!__ contestó alguien de ese puesto.
__ ¡Por favor mamita/papito una limosnita te lo ruego!__ insistió suplicando el pobre mendigo cogiéndose ambas manos y juntándolas palma a palma.
__ ¡Váyase! ¿Acaso no puede ir a trabajar! ¡Váyase! __
Alguien por ahí dice que fue jalado del sombrero y echado del puesto. Luego de esta conversación nada edificante vendría lo peor.
__ ¡Por su trato, por su trato hacia mí. Una desgracia les ocurrirá! Se acordarán, se acordarán. Ya verán__ respondió muy pero muy dolido el ancianito. El curso de su camino siguió, apartándose del puesto que le rechazó.
Cuando niño era yo, pasaba un ancianito por mi barrio. Mi perrita Canela le ladraba siempre. Él era un señor muy pero muy mayor, su rostro era la de alegría siempre y paraba cantando; le acompañaba un sombrero de paja, un costal de tela a la espalda y un bastón como guía. Los niños y jóvenes lo conocían y al verlo así tan animoso, sonreían frente a él. A veces para cruzar la calle, había alguien que le ayudaba. porque era ciego. Qué recuerdos aquellos. Qué diferencia con el otro mendigo del mercado del que me contaba siempre mi madre.

Los ancianos mendigos se caracterizaban muchas veces por juntar sus dos arrugaditas manos al pedir caridad
Foto: http://laiguana.blogspot.es/1267020540/

Pasada la media noche, mientras todos descansaban, se escuchaba en el ambiente como el cocer de la cancha, las palomitas de maíz, y emergía humo por doquier. Un incendio estaba aconteciendo.
¿Cómo sucedió el incendio? Se habla que dejaron la cocina prendida y que algunas chispas cayeron sobre superficie humedecida de kerosene y ésta se propagó a los cilindros de dicho combustible. Inmediatamente sucedió una explosión. El fuego y sobre todo el humo se propagaron tanto que no dejaba ver con claridad la zona quedando varias personas atrapadas por el fuego. Respirar aire puro era común en Cartavio pero esta vez el desastre haría que los campos de árboles, los pajarillos y las acequias queden en el olvido de las mentes de los desesperados.
La gente afectada estaba dispuesta a escapar de las llamas. Otras personas trataron de salvarlas desde fuera.
__ ¡INCENDIOOO!, ¡INCENDIOOO! __ gritaban desesperados los que estaban dentro y fuera.
__ ¡TRAIGAN AGUAAA, TRAIGAN AGUAAA!; ¡AGUAAA!; ¡SÁQUENLOS DE AHÍ!__ decían otros.
Las puertas grandes de madera estaban cerradas ¿cómo escapar?....Susto, pánico, nerviosismo y desesperación abrumó a esa gente.
__ ¡AYÚDENNOS! ¡AYÚDENOS!__ gritaban desde dentro.

En esos instantes la familia Loyaga logró escapar haciendo un forado en la pared. La familia Bueno también logró salvarse del incendio encontrando por fin como salida airosa la famosa puerta posterior que da a la calle Ramos 2º cuadra.
Llegaron los vecinos de Cartavio Viejo con sus baldes esos antiguos, recogiendo agua de las cañerías que dichas calles tenían a su centro. Pero lamentablemente el fuego ya había consumido casi todo. Los auxilios que llegaron luego no sirvieron para salvar a los integrantes de la familia Ramos. Los grupos de personas a manera de brigadistas entraron al lugar siniestrado y cubiertos sus fosas nasales con telas tuvieron que soportar esos olores nauseabundos de carne humana calcinada, quemada totalmente. Un par de vecinos cogen la caja con dinero; otros ayudaban a los afectados y otro grupo trataba de recuperar lo que podía encontrar de valor en sus sencillos negocios.

Entrada principal donde era el Antiguo Mercado.


La parte trasera del antiguo mercado. La "calle Ciega", aquí en un concurso de muñecos por fin de año.

Mi madre entraba de turno muy de mañana al antiguo hospital que es hoy la escuela “Olga Pereda” en la calle Real. Los médicos no le permitían ver los cuerpos calcinados que habían llegado de madrugada al centro. En algún momento, como se dedicaba a la limpieza de los ambientes de los doctores, pudo ver en cierta habitación los cuerpos cadavéricos chamuscados, muy negros.
__Ay hijo si supieras lo que viví. De ser grandes esas personas en vida llegaban pequeñas al hospital, toda encogidas. No se lo deseo a nadie. Qué triste el final de esas personas__ toda melancólica y llorosa me contaba mi mamá el desastre desde muy pequeño.

El local ha sufrido diversos nombres, como Coliseo “DECA” (Deportistas Cartavinos) y luego Coliseo “Cartavio”. Hoy, este local sigue en manos de la empresa y es usado para eventos deportivos y culturales, así como para realizar bingos y otras actividades. Tiene dos servicios higiénicos y unas antiguas ventanas pequeñas. En él se encuentra la familia Briceño Jaramillo viviendo y cuidándolo.
Ojalá Cartavio no vuelva a sufrir otra desgracia por falta de conciencia ciudadana y orientación en Defensa Civil (en esos tiempos no existía este organismo).

Pero regresemos al relato mismo. ¿Qué se dice del incendio? Que eso ocurrió debido a la irracionalidad de la gente que al no ser solidaria pues una desgracia encontraría y cuando encuentre la desgracia, no podría ni siquiera vivir para contarla.
¿Qué fue del anciano? El anciano todo encorvado y de condición servil no fue visto nunca más en Cartavio. Sólo fue visto el mismo día del incendio, el mismo día que pidió caridad. Varias personas antiguas relacionan al anciano con el mismo “Jesús” de la Biblia; otros afirman que fue “un Ángel” que llegó a Cartavio para probar la caridad de su gente.

Fuentes orales
Sra. Olga Bartolo Briceño (79 años).
Sra. Susana Rodríguez Córdova (74 años).
Sra. Jesús Vásquez Sánchez (68 años).
Sra. Clotilde Mendoza Cecías.
Sr. Jorge Mendoza Cecías.

Fuentes de desfile alegórico
El relato fue presentado como escena en el II Concurso Interno de Alegorías “Así es Mi Perú” por los alumnos del 5to grado del nivel secundario de la I.E. “Benjamin Franklin”-Cartavio en plena calle Real, siendo Tutora la profesora Rosa Córdova. El evento del cual yo fui Presidente tenía que ver con la celebración de las Fiestas Patrias-año 2011.

jueves, 12 de enero de 2012

Cuando la fábrica pide sangre


Se vino a mi mente al señor Alberto Fujimori quien asumió el gobierno del Perú en 1990. Yo estaba cursando el 4to año de secundaria Vi a la gente que se había escapado al exterior en busca de una vida mejor, también observé cómo Cartavio iba quedando con menos personas debido a la crisis de la empresa azucarera.

En los tiempos de los hacendados Grace surgió la narración de que la fábrica funcionaba bien hasta que se malograba y dejaba de funcionar, por lo que era necesario entregar en sacrificio la sangre de alguna persona y derramarla en la infraestructura de la misma.
Los Grace eran ya dueños de Cartavio por el año 1879 al momento de la guerra contra Chile. Tanto tiempo, un poco más de un siglo (133 años) y el relato no se extinguió.

Donde es hoy en día la Cooperativa San José había una sala grande y ancha. Ahí se instalaban a vivir gente que trabajaba para la empresa, gente de todo un poco, incluyendo personas de la serranía liberteña.

Doña María Briceño Calderón contó que había un señor en caballo que llamaba a gente para que vayan a trabajar…lo llamaron al señor Bartolo.
-- Oye Bartolo te llama el ingeniero para que vayas a trabajar – dijo el amigo con tono asustado.

-- Pero yo no puedo ir – respondió Don Bartolo.

Uno de los que estaban presentes, sospechaba algo y como si fuera un evento de suspenso conversa con Bartolo.

-- “COJUDO TE LLEVAN A MATAR. ¡CARAJO! TE NECESITAN SEGURO PARA QUE TE MATEN” –. Entonces el papá de Olga asustado quedó, y se animó a hablar con su superior inmediatamente.

-- Ingeniero no voy porque mi mujer está mal y por ese motivo no puedo.

El jinete que andaba con su ponchazo. Se enojó mucho.

Al rato pasó un vehículo antiguo y los demás trabajadores observaban y conversaban entre sí: “Ahí llevan a gente para ser asesinados”.

Obreros de la fábrica de azúcar Cartavio. Años ´50 del siglo XX. Foto: Alejandro Cipirán.
Cuando abstraía sobre mis conclusiones, me interpelaba ¿por qué tanto temor? Es cuando comienza la interpretación familiar, en voz baja y con un cuidado como si tuviéramos temor de un Servicio de Inteligencia que nos quiera impedir el fondo del asunto.

Cuando mi madre Olga se ocupaba de sus faenas en la calle Cáceres en la 1er cuadra haciendo mandados y limpieza, en una casa de la entonces Caballería del Ejército del Perú, también recordó una experiencia. Entre las 6:30 am hasta las 8:00 p.m. A la hora de salida cuenta que sentía mucho temor al regresar a casa, a la calle Zafra. ¿Por qué? porque era silencio, luz eléctrica había a lo lejos.
Su madre, mi abuela materna, María aconsejaba que si alguien le llamaba, no debería hacer caso, pues también se cogían a los chicos para llevarlos a la fábrica.
Dicen que a veces se llevaban a mujeres jóvenes, señoritas y a mujeres en estado o embarazadas.
Mi madre Olga contaba más o menos así el asunto:
"Cuando la fábrica no quería moler entonces pedía almas, pedía cristianos, pedía sangre. Hay personas que fueron desaparecidas de las calles, pues las agarraban, las metían en unos vehículos y luego desaparecían. Pero se sabe que sus cuerpos asesinados antes de desaparecer debían ser llevados a la fábrica para derramar la sangre entre las máquinas. Hijo, también supe que los que laboraban en la fábrica pasaban la voz porque habían encontrado al día siguiente manchas rojas de sangre".

Con relación a la fábrica de azúcar, a fines de los 90´s y principios del siglo XXI, han sucedido accidentes horribles en Cartavio. Mi amigo Leonel vio frente a frente una sustancia como dulce hirviendo caía sobre los cuerpos de dos obreros. Uno quedó en estado muy delicado, se notaba parte de sus costillas sin la piel y la carne, al poco rato murió en el hospital. Otros llegaron a tener accidentes como caídas desde lo alto de la infraestructura.
Foto tomada por mi cuñado Valentín Bustamante B. inicios de los 90's cuando gobernaba el distrito el alcalde Marco Muñoz. Además podemos ver la gran cantidad de casas de "un solo piso". La crisis campeaba en mi Cartavio y la fábrica con sus sonidos extraños en las noches y madrugadas.

Estos hechos siempre dejaban intrigados a los supersticiosos porque echaban la culpa a la fábrica, pero en realidad habían ocurrido por mala coordinación de los operarios en alguna área y a la falta de cuidado en los implementos que se lleva al trabajo.
Con respecto a las muertes en tiempos de Hacienda, no puedo afirmar que todas hayan sido por el mismo motivo, sino que quizá la creencia haya llevado a ciertos individuos a pensar que ver sangre en la fábrica sería de verdad la única opción para seguir teniendo trabajo en la empresa y ver que ella al funcionar bien pues siga existiendo para el bien de todos. Así pues creyeron que llevar personas capturadas y asesinadas era la única solución al problema.
Mientras tanto la fábrica sigue con su sonido extraño, el rechinar de sus fierros como hablándonos "quiero almas, deseo tu sangre".


Representación del relato por alumnos del 3er año de secundaria de la I.E. "Benjamin Franklin"


Fuente oral
  • Olga Bartolo Briceño (79 años).


lunes, 12 de septiembre de 2011

Los compadres-Hacienda Roma

Los compadres

La población de Roma que forma la cadena de pueblos del valle de Chicama, es una floreciente ciudad, hoy convertida en propiedad privada de producción azucarera, los viejos moradores del lugar recuerdan la fastuosidad a la que había llegado Roma, cuando era propiedad del filántropo don Víctor Larco Herrera. Aún se mantiene en la memoria la grandeza moral, espiritual y material de este pueblo.
Víctor Larco Herrera, antiguo dueño de Roma


Muchos lustros atrás cerca a Roma existía una dependencia poblada por familias de trabajadores denominada Tulape donde se realizaban labores a destajo por los peones de la hacienda. Cuentan los viejos, de quienes se ha recibido esta versión, que a través de generaciones se ha propalado una leyenda que forma parte del folklore romano, y ha hecho huella en la conciencia de los habitantes quienes han permanecido bajo la influencia conforme ha corrido al tiempo.
Foto de la Casa Hacienda de Roma que tomé en el Museo Chiclín-2011

Los trabajos se hacían mediante la modalidad de conjuntos de peones registrados en nóminas que, en la madrugada, eran llamados por lista para dirigirse a las tareas del campo en la hacienda Tulape. Formaban ordenadamente la peonada y conforme eran llamados iban ubicándose en fila para ser transportados al lugar indicado donde cumplir sus tareas. Muchas veces alguno de los trabajadores, por cualquier motivo se hacía tarde y no llegaba a la hora de la formación, este trabajador era eliminado del grupo y sometido a rigor que consistía en un trabajo denominado de la Pichana. Este riguroso quehacer de campo, el peón no era alimentado y tampoco se le abonaba su salario.

Existía en Tulape una familia vinculada con un solitario trabajador de la hacienda con quien había hecho amistad la pareja del matrimonio; tal era la confianza de los esposos que lo hicieron compadre espiritual llevando a su primogénito a la iglesia; este pacto era tan severamente observando por los compadres que le padrino pasaba a ser miembro de la familia, pues lo consideran padre espiritual del ahijado.
Corría el tiempo, la familiaridad de los compadres llegaba a extrema confianza que el buen padrino sólo vivía compartiendo techo y mesa con los padres de su ahijado.
La frecuencia, el trato diario, la debilidad humana, esa misteriosa simpatía que suele despertarse cuando menos se piensa, apareció en el seno del humilde hogar. El compadre y la comadre empezaron a tejer un silencioso idilio a espaldas del esposo, quien confiaba plenamente en la bondad de su estimado compadre.

Cierto día, cuando las cosas habían llegado a su clímax, el esposo fiel llegó temprano a la formación para salir al campo a las tareas cotidianas; llamaron al compadre y éste no se presentó. Aquel día la comadre y el compadre se habían citado al matorral cercano al campamento; pues ya flotaba en el ambiente pueblerino y la gente murmuraba sobre la infidelidad de la esposa cuyas peculiaridades son propensas en las ciudades de nuestra serranía de donde procedía la mujer. Este fatídico drama devendrá en un desenlace doloroso; pues la tradición cometida, cuando las personas tienen un vínculo espiritual adquirido por el bautismo, son víctimas del castigo según la enseñanza cristiana.
Fue descubierta la traición. Muchas veces el traidor fue impuesto por el castigo de la “Pichana”. Al comienzo no se presumía el por qué de su tardanza para llegar a la hora de pasar lista, siempre se retardaba, y aunque sufría el castigo de no comer y no ganar su salario, se hallaba contento y feliz porque disfrutaba los favores de su amadísima comadre.

El cándido compadre ofendido quiso cometer un crimen pero fue frenado por los mandamientos de la iglesia y esperó que la providencia (Dios) castigara al infame y traidor compadre. En efecto, cuentan los antiguos moradores de Roma -noticias traídas desde lejanas épocas- que un día desaparecieron del lugar el compadre y la comadre.

No se les encontró por todos los contornos de Tulape como si la tierra los hubiera comido. El esposo buscó desesperadamente no sólo por todo el valle sino que viajó a la sierra de donde procedía la infiel mujer, y no halló noticias.

El ingenio popular, son sutil sabiduría para la creación legendaria, el temor a la maldad tan arraigada en las gentes humildes, buscan ampararse en los poderes sobrehumanos para dar explicación a sus hondas lucubraciones, y aflora de su alma, de manera espontánea, sus ingenuas creaciones que llegan a afincarse en el alma y constituyen sus tradiciones.
El cerro "El Mirador"-Roma.

Detrás de la Ex-Casa hacienda Roma está el Cerro "El Mirador" del que se habla en el relato.


Cuando algunas personas escalaban el cerro "El Mirador" que rodea Roma, y desde su altura se contempla el plácido valle a largas distancias y lleno de verdor, en ese lugar del cerro encontraron dos piedras de notable tamaño: uno junto a la otra. Cada cual simula la figura de un ser humano; un monolito tiene la forma de un hombre que según la leyenda representa al compadre y la otra tiene parecido a una mujer vestida a la costumbre serrana, representa a la comadre.
Estas dos formas pétreas aparecidas en al pendiente del cerro El Mirador son los infieles compadres que faltaron a su compromiso espiritual y pecaron tan gravemente que el Supremo Hacedor los convirtió en piedra. Alrededor de los dos más grandes monolitos se distribuyen pequeñas piedras que son los frutos del pecado también convertidos en piedra.
El Compadre y La Comadre en el Cerro El Mirador-Roma


Estas imágenes pétreas siguieron cumpliendo su demoníaco destino. Era costumbre, entre los habitantes de Roma…...que las familias no dejaban subir a sus hijos al cerro El Mirador para evitar que las maléficas figuras cumplieran su fatal hechizo. Flotaba la idea que no podían transitar los niños o cualquier persona adulta entre el espacio que separa a las piedras (2 m de distancia) pues al pasar, los monolitos se juntan con rapidez haciendo desparecer a quien se atreve atravesar el espacio. Esta creencia…...existió desde hace mucho tiempo…...las dos formas pétreas….envueltas de misterio, seguirán recibiendo maldiciones…...serán hito para la reflexión humana y un llamado para practicar las buenas costumbres.

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Hay otra versión, veamos:

El Compadre y la Comadre

Vemos a dos enormes piedras juntos, formados por el tiempo. Una señora con aires primaverales, bien parecida y un esbelto joven agraciado, se conocían y franqueaban sus sentimientos, paseaban siempre juntos; para encontrarse en el lugar favorito, que de antemano habían convenido.
El tiempo pasaba entre compadrazgo van y compadrazgos vienen fueron tantos los halagos y cariños que se perdigaron hasta que una chispa de pasión encendió la llama del amor.

Cuentan que todos los volvieron a ver juntos en el mismo lugar del cerro, pero no para contemplar el crepúsculo de la tarde, sino por exteriorizarse en el crepúsculo del amor. Cuando cogidos de la mano, con una mirada mutua insistente, atrayéndose por el fuego del amor.

Dice la leyenda que se convirtieron en piedra, como castigo a su pecado, y adiós promesas. Frente a frente se quedaron y el que pase junto a ellos, a las doce de la noche, se quedarán transformados en piedra.

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Referencias

Junto a Jorge Cox Denegri (derecha), pariente de Rafael Larco Herrera, además con mis alumnos en los ambientes del Museo Chiclín.


Otros datos
  1. Anteriormente Roma tenía el nombre de Tulape, como tal, perteneció inicialmente a la parroquia Santo Domingo de Chicama, luego durante la Gobernación del Virrey Marquez de Manzana en 1645, estuvo en manos de don Mateo Ortiz de Bracamonte, por entonces tenía una extensión de 130 fanegas. Antes se llamaba “Tulape” nombre de la lengua Mochic de la cultura Mochica que significa “Lugar Palúdico o enfermizo”.



domingo, 4 de septiembre de 2011

El Jinete y su paso por Cartavio


Era la celebración familiar, los 15 años de mi sobrina Alexandra Bustamante Núñez en setiembre de 2011. Al final su fiesta para ser más exacto al día siguiente, me acerqué a mi cuñado Agustín Reyes Aquino quien ya no vive en nuestra comunidad desde hace varios años, para preguntarle sobre su famoso barrio de donde se cuentan una serie de cosas como las apariciones extrañas, apariciones que tenían influencia narrativa más allá de su calle.

La calle Cáceres, un barrio de dos cuadras, ha sufrido visiones que ahora sería como para impactarse y no creerlas, sin embargo muchas de esas vivencias fueron reales. Sus viviendas de barro, puertas enteras o partidas a la mitad como costumbre de algunas familias de ese entonces, además que se podía presenciar asientos de barro y piedra llamados poyos, etc.
Calle Piscina


La calle Cáceres desde el fondo

La actual Av. Santa Elena. Lugar de recorrido del Diablo hacia el fondo.

A continuación este relato estará dividido en dos partes. La primera es la de un varón y la segunda es más bien una tradición oral en base a una señora, ambos vivieron lo mismo, ambos vieron a ese caporal.



Dos veces al mismo afectado

Dos historias entre tantas que seguro pocos sabrán. El papá de mi cuñado, el señor Don Juan Reyes Cruz quien era esposo de Doña María Aquino Miranda, es el personaje principal de esta entrevista hecho relato. Sus padres venían a asentarse a Cartavio migrando desde la región de Cajamarca (Cajabamba).
Una hermosa pareja quienes supieron de esta vivencia. Don Juan Reyes Cruz y Doña María Aquino Miranda. Experiencia que contaron a su hijo Agustín Reyes Aquino.

Don Juan Reyes Cruz había estado en un compartir con sus amigos y pasada la media noche decidió regresar a su casa. La esposa le esperaba atenta.
Continuando, se sabe que Juan Reyes regresaba a casa pasando por la calle llamada Piscina. Estaba ya cerca de su casa en la calle Cáceres, pero de repente se le aparece un señor supuestamente ya un adulto montado en caballo, éste señor tenía sobre su cabeza un sombrero. Por lo visto parecía un caporal, persona que tiene a su cargo a un grupo de trabajadores en los campos de la caña de azúcar. Así pues según esta vivencia se cuenta que ocurrió el diálogo:
Ø El jinete: ¿A dónde va Ud.?
Ø Don Juan: A mi casa
Ø El Jinete: Vamos, yo le acompaño. No se preocupe.
Segunda cuadra de la calle Cáceres, lugar ahí se ubicaba la vivienda de la familia Reyes Aquino.


Fueron juntos entrando a la Calle Cáceres-2da cuadra, el jinete adelante montado en su caballo y el señor Juan atrás caminando.
Don Juan ya sabía que su casa estaba tan cerca, pasó a lado de su puerta pero ni la tocó. Su rumbo fue todo lo que conocemos hoy la Avenida Santa Elena, caminando la 1era cuadra de la calle Cáceres, la parte posterior de la iglesia San José, la Escuela de Varones (hoy Divino Maestro), el antiguo Jardín de Niños osea Jardín y Transición o llamado Escuela de Monjas (local de la hoy I.E. Sagrado Corazón de Jesús), el Convento, las casas diversas de gente acomodada que vivía ya en todo en ese sector, en resumen caminó la avenida de “Los Sauces” que era una demarcación territorial que recibió ese nombre debido a la cantidad de esos árboles existentes y, hoy sabemos, es la Av. Santa Elena. Dicha avenida no terminaba en un muro de ladrillo como el que vemos hoy muy cerca de la I.E. Benjamin Franklin, sino que era abierta hacia la pampa y hacia una carretera.

Don Juan seguía y seguía al jinete que iba adelante, de repente llegando a la zona denominaba hoy como “Experimental” escuchó el cantar de un gallo. Eso despertó a su adormecida mente, entonces al reaccionar escuchó también el sonar fuerte de unas aguas y vio delante de él a la gran acequia que estaba a unos dos pasos. El jinete que le guiaba despareció al instante, ya no estaba más.

Este señor observó a las finales que estuvo siendo llevado por el jinete, el mismo diablo, a una muerte segura. Morir en la acequia, pero con suerte no ocurrió. Posteriormente regresó a su casa.

La acequia en la que don Reyes fue llevado por el Jinete.

En otro capítulo de su vida cuenta don Juan que el mismo jinete le llevaba no hacia la gran acequia, sino por toda esa pista que va por un lado de la Huaca El Zapato en dirección de Chiquitoy. De repente en esa madrugada, un regador encargado de los campos de caña se extrañó que don Juancito pasara tan tarde y solitario pero en el fondo comprendía que estaba “encantado” o “hechizado”. Decidió llamarlo y conversaron ambos lo siguiente:
Ø Regador: ¡Reyes! ¿a dónde vas? –pues veía que su amigo andaba solo-
Ø Don Juan: A mi casa. Para mi casa me voy.
Ø Regador: ¡Pero por allá no queda, ya te pasaste, estás lejos de ella!

El regador trató de hablar siempre fuerte para contrarrestar el hipnotismo y logró despertar a su amigo Juan que pasaba muy tarde por ese cuartel de cañas. Al entrar en sí, don Juan dijo: Pucha, era el Diablo que me llevaba.


La señora del sector “Los Sauces”

En la gran avenida de sauces y demás árboles una pareja vivía en cierta casa. Un día como siempre el señor de la casa se fue a trabajar y no regresaba. La esposa para esperarlo fue afuera de su casa y sentó. El tiempo pasaba pero su esposo no llegaba, parece que era más de la media noche según se sabe.
Al rato ve que aparece un señor similar a los caporales que van a caballo. Lo curioso de este relato es que el jinete aparecía de color blanco como los chalanes, con joyas de oro en sus muñecas y no sólo él sino que hasta su caballo presentaba objetos de valor en su cuerpo lográndose ver con gran resplandor en la noche solitaria.
Cada vez más cerca al estar ambos, casi tan cerca, dialogan.
Ø Jinete: Señora buenas noches.
Ø Señora: Buenas noches señor.
Ø Jinete: ¿Por qué tan tarde fuera de su casa está Ud.?
Ø Señora: Es que estoy esperando a mi esposo y no llega de su trabajo.
Ø Jinete: Pero señora, ¿no cree que le puede suceder algo malo si Ud. permanece fuera de su vivienda hasta tan tarde?

La señora al oir ello se puso a observar al jinete y no podía ver su rostro. Entonces entendió que era un espíritu, era el mismo Diablo. Al momento se preparó y echó a entrar rápido a su casa. La señora entró desesperada y comenzó a desmayarse y a babear. Si ella no entraba a tiempo a su casa era más seguro que moriría. Su esposo llegando luego de su trabajo entró a la casa y vio a su mujer enferma y toda asustada…
Ø Señor: ¿Qué pasa mujer? ¿Qué tienes?
Ø Señora: Estuve afuera esperándote y se me apareció el Diablo… (la historia ya la saben uds. lectores la leímos arriba).
Entonces este señor, trabajador de la empresa Cartavio, termina diciéndole: “Mujer, eso te pasa por ser celosa”.

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Hablando del barrio de la Cáceres, mi cuñado cuenta dos cosas más.

  • Estaba entrando a la 2da cuadra de su calle y escuchaba que un bebé lloraba, volteó a mirar y en la esquina de su lado vio como una canasta y un bebé en ella. Estaba esa canasta en la pared y colgaba. En segundos todo desapareció. Apuró el paso y entró asustado a su casa.
  • En otra oportunidad de noche observó un bulto extraño apegado en la pared. Al ver de lejos al bulto, lo apreciaba muy pequeño, pero cuando mi cuñado se acercaba más veía que ese bulto crecía como gran sombra en el muro de la cuadra….¡uyyyy!...ya imagínense los pies que le faltaba para correr.

Crítica y opinión

  • Es interesante saber que alguna aparición paranormal sucedía alrededor del antiguo hospital (hoy escuela Olga Pereda Noriega) y la calle Cáceres estaba conectada a ese edificio.

  • Sería bueno entender que una de las bebidas legales preferidas en ese entonces por la gente mayor, aparte de la chicha de jora, era el “compuesto” osea lo que conocemos como trago corto o cañazo; pero ello no sería pretexto para indicar que la aparición fuera falsa. Gente muy seria ha logrado contar el mismo asunto sin necesidad de haber ingerido ello, lo malo estaba que cuando alguna persona vivía dicha experiencia se encontraba sola.

  • Una de las maneras de mantenerse alejados de las apariciones, era no pasar a horas tan tarde por el sector o calle. De lo contario era mejor estar acompañado por otra persona para no sufrir algún desastre emocional.

  • El barrio de la Cáceres es uno de los más antiguos de Cartavio en tiempos de hacienda y siempre estuvo conectado a la gran avenida de los sauces, hoy Santa Elena. Si alguien era merecedor de un desastre fantasmal quizá se debía que a espíritus extraños que les gustaba fastidiar.

  • Los mensajes que se alcanzan del Jinete, es que a veces aparece para desearnos un fatídico final (como el caso de don Juan) o a exhortarnos para no seguir haciendo alguna acción negativa (como el caso de los celos de una señora de quien no supe su nombre).

Fuentes orales
Ø Sr. Agustín Reyes Aquino (59 años).
Ø Sra. María Cerafina Vásquez G. (madre de mi amigo David Jara).