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lunes, 12 de septiembre de 2011

Los compadres-Hacienda Roma

Los compadres

La población de Roma que forma la cadena de pueblos del valle de Chicama, es una floreciente ciudad, hoy convertida en propiedad privada de producción azucarera, los viejos moradores del lugar recuerdan la fastuosidad a la que había llegado Roma, cuando era propiedad del filántropo don Víctor Larco Herrera. Aún se mantiene en la memoria la grandeza moral, espiritual y material de este pueblo.
Víctor Larco Herrera, antiguo dueño de Roma


Muchos lustros atrás cerca a Roma existía una dependencia poblada por familias de trabajadores denominada Tulape donde se realizaban labores a destajo por los peones de la hacienda. Cuentan los viejos, de quienes se ha recibido esta versión, que a través de generaciones se ha propalado una leyenda que forma parte del folklore romano, y ha hecho huella en la conciencia de los habitantes quienes han permanecido bajo la influencia conforme ha corrido al tiempo.
Foto de la Casa Hacienda de Roma que tomé en el Museo Chiclín-2011

Los trabajos se hacían mediante la modalidad de conjuntos de peones registrados en nóminas que, en la madrugada, eran llamados por lista para dirigirse a las tareas del campo en la hacienda Tulape. Formaban ordenadamente la peonada y conforme eran llamados iban ubicándose en fila para ser transportados al lugar indicado donde cumplir sus tareas. Muchas veces alguno de los trabajadores, por cualquier motivo se hacía tarde y no llegaba a la hora de la formación, este trabajador era eliminado del grupo y sometido a rigor que consistía en un trabajo denominado de la Pichana. Este riguroso quehacer de campo, el peón no era alimentado y tampoco se le abonaba su salario.

Existía en Tulape una familia vinculada con un solitario trabajador de la hacienda con quien había hecho amistad la pareja del matrimonio; tal era la confianza de los esposos que lo hicieron compadre espiritual llevando a su primogénito a la iglesia; este pacto era tan severamente observando por los compadres que le padrino pasaba a ser miembro de la familia, pues lo consideran padre espiritual del ahijado.
Corría el tiempo, la familiaridad de los compadres llegaba a extrema confianza que el buen padrino sólo vivía compartiendo techo y mesa con los padres de su ahijado.
La frecuencia, el trato diario, la debilidad humana, esa misteriosa simpatía que suele despertarse cuando menos se piensa, apareció en el seno del humilde hogar. El compadre y la comadre empezaron a tejer un silencioso idilio a espaldas del esposo, quien confiaba plenamente en la bondad de su estimado compadre.

Cierto día, cuando las cosas habían llegado a su clímax, el esposo fiel llegó temprano a la formación para salir al campo a las tareas cotidianas; llamaron al compadre y éste no se presentó. Aquel día la comadre y el compadre se habían citado al matorral cercano al campamento; pues ya flotaba en el ambiente pueblerino y la gente murmuraba sobre la infidelidad de la esposa cuyas peculiaridades son propensas en las ciudades de nuestra serranía de donde procedía la mujer. Este fatídico drama devendrá en un desenlace doloroso; pues la tradición cometida, cuando las personas tienen un vínculo espiritual adquirido por el bautismo, son víctimas del castigo según la enseñanza cristiana.
Fue descubierta la traición. Muchas veces el traidor fue impuesto por el castigo de la “Pichana”. Al comienzo no se presumía el por qué de su tardanza para llegar a la hora de pasar lista, siempre se retardaba, y aunque sufría el castigo de no comer y no ganar su salario, se hallaba contento y feliz porque disfrutaba los favores de su amadísima comadre.

El cándido compadre ofendido quiso cometer un crimen pero fue frenado por los mandamientos de la iglesia y esperó que la providencia (Dios) castigara al infame y traidor compadre. En efecto, cuentan los antiguos moradores de Roma -noticias traídas desde lejanas épocas- que un día desaparecieron del lugar el compadre y la comadre.

No se les encontró por todos los contornos de Tulape como si la tierra los hubiera comido. El esposo buscó desesperadamente no sólo por todo el valle sino que viajó a la sierra de donde procedía la infiel mujer, y no halló noticias.

El ingenio popular, son sutil sabiduría para la creación legendaria, el temor a la maldad tan arraigada en las gentes humildes, buscan ampararse en los poderes sobrehumanos para dar explicación a sus hondas lucubraciones, y aflora de su alma, de manera espontánea, sus ingenuas creaciones que llegan a afincarse en el alma y constituyen sus tradiciones.
El cerro "El Mirador"-Roma.

Detrás de la Ex-Casa hacienda Roma está el Cerro "El Mirador" del que se habla en el relato.


Cuando algunas personas escalaban el cerro "El Mirador" que rodea Roma, y desde su altura se contempla el plácido valle a largas distancias y lleno de verdor, en ese lugar del cerro encontraron dos piedras de notable tamaño: uno junto a la otra. Cada cual simula la figura de un ser humano; un monolito tiene la forma de un hombre que según la leyenda representa al compadre y la otra tiene parecido a una mujer vestida a la costumbre serrana, representa a la comadre.
Estas dos formas pétreas aparecidas en al pendiente del cerro El Mirador son los infieles compadres que faltaron a su compromiso espiritual y pecaron tan gravemente que el Supremo Hacedor los convirtió en piedra. Alrededor de los dos más grandes monolitos se distribuyen pequeñas piedras que son los frutos del pecado también convertidos en piedra.
El Compadre y La Comadre en el Cerro El Mirador-Roma


Estas imágenes pétreas siguieron cumpliendo su demoníaco destino. Era costumbre, entre los habitantes de Roma…...que las familias no dejaban subir a sus hijos al cerro El Mirador para evitar que las maléficas figuras cumplieran su fatal hechizo. Flotaba la idea que no podían transitar los niños o cualquier persona adulta entre el espacio que separa a las piedras (2 m de distancia) pues al pasar, los monolitos se juntan con rapidez haciendo desparecer a quien se atreve atravesar el espacio. Esta creencia…...existió desde hace mucho tiempo…...las dos formas pétreas….envueltas de misterio, seguirán recibiendo maldiciones…...serán hito para la reflexión humana y un llamado para practicar las buenas costumbres.

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Hay otra versión, veamos:

El Compadre y la Comadre

Vemos a dos enormes piedras juntos, formados por el tiempo. Una señora con aires primaverales, bien parecida y un esbelto joven agraciado, se conocían y franqueaban sus sentimientos, paseaban siempre juntos; para encontrarse en el lugar favorito, que de antemano habían convenido.
El tiempo pasaba entre compadrazgo van y compadrazgos vienen fueron tantos los halagos y cariños que se perdigaron hasta que una chispa de pasión encendió la llama del amor.

Cuentan que todos los volvieron a ver juntos en el mismo lugar del cerro, pero no para contemplar el crepúsculo de la tarde, sino por exteriorizarse en el crepúsculo del amor. Cuando cogidos de la mano, con una mirada mutua insistente, atrayéndose por el fuego del amor.

Dice la leyenda que se convirtieron en piedra, como castigo a su pecado, y adiós promesas. Frente a frente se quedaron y el que pase junto a ellos, a las doce de la noche, se quedarán transformados en piedra.

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Referencias

Junto a Jorge Cox Denegri (derecha), pariente de Rafael Larco Herrera, además con mis alumnos en los ambientes del Museo Chiclín.


Otros datos
  1. Anteriormente Roma tenía el nombre de Tulape, como tal, perteneció inicialmente a la parroquia Santo Domingo de Chicama, luego durante la Gobernación del Virrey Marquez de Manzana en 1645, estuvo en manos de don Mateo Ortiz de Bracamonte, por entonces tenía una extensión de 130 fanegas. Antes se llamaba “Tulape” nombre de la lengua Mochic de la cultura Mochica que significa “Lugar Palúdico o enfermizo”.



domingo, 4 de septiembre de 2011

El Jinete y su paso por Cartavio


Era la celebración familiar, los 15 años de mi sobrina Alexandra Bustamante Núñez en setiembre de 2011. Al final su fiesta para ser más exacto al día siguiente, me acerqué a mi cuñado Agustín Reyes Aquino quien ya no vive en nuestra comunidad desde hace varios años, para preguntarle sobre su famoso barrio de donde se cuentan una serie de cosas como las apariciones extrañas, apariciones que tenían influencia narrativa más allá de su calle.

La calle Cáceres, un barrio de dos cuadras, ha sufrido visiones que ahora sería como para impactarse y no creerlas, sin embargo muchas de esas vivencias fueron reales. Sus viviendas de barro, puertas enteras o partidas a la mitad como costumbre de algunas familias de ese entonces, además que se podía presenciar asientos de barro y piedra llamados poyos, etc.
Calle Piscina


La calle Cáceres desde el fondo

La actual Av. Santa Elena. Lugar de recorrido del Diablo hacia el fondo.

A continuación este relato estará dividido en dos partes. La primera es la de un varón y la segunda es más bien una tradición oral en base a una señora, ambos vivieron lo mismo, ambos vieron a ese caporal.



Dos veces al mismo afectado

Dos historias entre tantas que seguro pocos sabrán. El papá de mi cuñado, el señor Don Juan Reyes Cruz quien era esposo de Doña María Aquino Miranda, es el personaje principal de esta entrevista hecho relato. Sus padres venían a asentarse a Cartavio migrando desde la región de Cajamarca (Cajabamba).
Una hermosa pareja quienes supieron de esta vivencia. Don Juan Reyes Cruz y Doña María Aquino Miranda. Experiencia que contaron a su hijo Agustín Reyes Aquino.

Don Juan Reyes Cruz había estado en un compartir con sus amigos y pasada la media noche decidió regresar a su casa. La esposa le esperaba atenta.
Continuando, se sabe que Juan Reyes regresaba a casa pasando por la calle llamada Piscina. Estaba ya cerca de su casa en la calle Cáceres, pero de repente se le aparece un señor supuestamente ya un adulto montado en caballo, éste señor tenía sobre su cabeza un sombrero. Por lo visto parecía un caporal, persona que tiene a su cargo a un grupo de trabajadores en los campos de la caña de azúcar. Así pues según esta vivencia se cuenta que ocurrió el diálogo:
Ø El jinete: ¿A dónde va Ud.?
Ø Don Juan: A mi casa
Ø El Jinete: Vamos, yo le acompaño. No se preocupe.
Segunda cuadra de la calle Cáceres, lugar ahí se ubicaba la vivienda de la familia Reyes Aquino.


Fueron juntos entrando a la Calle Cáceres-2da cuadra, el jinete adelante montado en su caballo y el señor Juan atrás caminando.
Don Juan ya sabía que su casa estaba tan cerca, pasó a lado de su puerta pero ni la tocó. Su rumbo fue todo lo que conocemos hoy la Avenida Santa Elena, caminando la 1era cuadra de la calle Cáceres, la parte posterior de la iglesia San José, la Escuela de Varones (hoy Divino Maestro), el antiguo Jardín de Niños osea Jardín y Transición o llamado Escuela de Monjas (local de la hoy I.E. Sagrado Corazón de Jesús), el Convento, las casas diversas de gente acomodada que vivía ya en todo en ese sector, en resumen caminó la avenida de “Los Sauces” que era una demarcación territorial que recibió ese nombre debido a la cantidad de esos árboles existentes y, hoy sabemos, es la Av. Santa Elena. Dicha avenida no terminaba en un muro de ladrillo como el que vemos hoy muy cerca de la I.E. Benjamin Franklin, sino que era abierta hacia la pampa y hacia una carretera.

Don Juan seguía y seguía al jinete que iba adelante, de repente llegando a la zona denominaba hoy como “Experimental” escuchó el cantar de un gallo. Eso despertó a su adormecida mente, entonces al reaccionar escuchó también el sonar fuerte de unas aguas y vio delante de él a la gran acequia que estaba a unos dos pasos. El jinete que le guiaba despareció al instante, ya no estaba más.

Este señor observó a las finales que estuvo siendo llevado por el jinete, el mismo diablo, a una muerte segura. Morir en la acequia, pero con suerte no ocurrió. Posteriormente regresó a su casa.

La acequia en la que don Reyes fue llevado por el Jinete.

En otro capítulo de su vida cuenta don Juan que el mismo jinete le llevaba no hacia la gran acequia, sino por toda esa pista que va por un lado de la Huaca El Zapato en dirección de Chiquitoy. De repente en esa madrugada, un regador encargado de los campos de caña se extrañó que don Juancito pasara tan tarde y solitario pero en el fondo comprendía que estaba “encantado” o “hechizado”. Decidió llamarlo y conversaron ambos lo siguiente:
Ø Regador: ¡Reyes! ¿a dónde vas? –pues veía que su amigo andaba solo-
Ø Don Juan: A mi casa. Para mi casa me voy.
Ø Regador: ¡Pero por allá no queda, ya te pasaste, estás lejos de ella!

El regador trató de hablar siempre fuerte para contrarrestar el hipnotismo y logró despertar a su amigo Juan que pasaba muy tarde por ese cuartel de cañas. Al entrar en sí, don Juan dijo: Pucha, era el Diablo que me llevaba.


La señora del sector “Los Sauces

En la gran avenida de sauces y demás árboles una pareja vivía en cierta casa. Un día como siempre el señor de la casa se fue a trabajar y no regresaba. La esposa para esperarlo fue afuera de su casa y sentó. El tiempo pasaba pero su esposo no llegaba, parece que era más de la media noche según se sabe.
Al rato ve que aparece un señor similar a los caporales que van a caballo. Lo curioso de este relato es que el jinete aparecía de color blanco como los chalanes, con joyas de oro en sus muñecas y no sólo él sino que hasta su caballo presentaba objetos de valor en su cuerpo lográndose ver con gran resplandor en la noche solitaria.
Cada vez más cerca al estar ambos, casi tan cerca, dialogan.
Ø Jinete: Señora buenas noches.
Ø Señora: Buenas noches señor.
Ø Jinete: ¿Por qué tan tarde fuera de su casa está Ud.?
Ø Señora: Es que estoy esperando a mi esposo y no llega de su trabajo.
Ø Jinete: Pero señora, ¿no cree que le puede suceder algo malo si Ud. permanece fuera de su vivienda hasta tan tarde?

La señora al oir ello se puso a observar al jinete y no podía ver su rostro. Entonces entendió que era un espíritu, era el mismo Diablo. Al momento se preparó y echó a entrar rápido a su casa. La señora entró desesperada y comenzó a desmayarse y a babear. Si ella no entraba a tiempo a su casa era más seguro que moriría. Su esposo llegando luego de su trabajo entró a la casa y vio a su mujer enferma y toda asustada…
Ø Señor: ¿Qué pasa mujer? ¿Qué tienes?
Ø Señora: Estuve afuera esperándote y se me apareció el Diablo… (la historia ya la saben uds. lectores la leímos arriba).
Entonces este señor, trabajador de la empresa Cartavio, termina diciéndole: “Mujer, eso te pasa por ser celosa”.

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Hablando del barrio de la Cáceres, mi cuñado cuenta dos cosas más.

  • Estaba entrando a la 2da cuadra de su calle y escuchaba que un bebé lloraba, volteó a mirar y en la esquina de su lado vio como una canasta y un bebé en ella. Estaba esa canasta en la pared y colgaba. En segundos todo desapareció. Apuró el paso y entró asustado a su casa.
  • En otra oportunidad de noche observó un bulto extraño apegado en la pared. Al ver de lejos al bulto, lo apreciaba muy pequeño, pero cuando mi cuñado se acercaba más veía que ese bulto crecía como gran sombra en el muro de la cuadra….¡uyyyy!...ya imagínense los pies que le faltaba para correr.

Crítica y opinión

  • Es interesante saber que alguna aparición paranormal sucedía alrededor del antiguo hospital (hoy escuela Olga Pereda Noriega) y la calle Cáceres estaba conectada a ese edificio.

  • Sería bueno entender que una de las bebidas legales preferidas en ese entonces por la gente mayor, aparte de la chicha de jora, era el “compuesto” osea lo que conocemos como trago corto o cañazo; pero ello no sería pretexto para indicar que la aparición fuera falsa. Gente muy seria ha logrado contar el mismo asunto sin necesidad de haber ingerido ello, lo malo estaba que cuando alguna persona vivía dicha experiencia se encontraba sola.

  • Una de las maneras de mantenerse alejados de las apariciones, era no pasar a horas tan tarde por el sector o calle. De lo contario era mejor estar acompañado por otra persona para no sufrir algún desastre emocional.

  • El barrio de la Cáceres es uno de los más antiguos de Cartavio en tiempos de hacienda y siempre estuvo conectado a la gran avenida de los sauces, hoy Santa Elena. Si alguien era merecedor de un desastre fantasmal quizá se debía que a espíritus extraños que les gustaba fastidiar.

  • Los mensajes que se alcanzan del Jinete, es que a veces aparece para desearnos un fatídico final (como el caso de don Juan) o a exhortarnos para no seguir haciendo alguna acción negativa (como el caso de los celos de una señora de quien no supe su nombre).

Fuentes orales
Ø Sr. Agustín Reyes Aquino (59 años).
Ø Sra. María Cerafina Vásquez G. (madre de mi amigo David Jara).

viernes, 12 de agosto de 2011

El Caldo de Huaraca

EL CALDO DE HUARACA


Cartavio Hacienda
Es sabido por todo el Perú, que nuestra zona es un territorio neto y marcadamente dedicado al cultivo de la caña de azúcar. Se puede apreciar a la entrada del pueblo de Cartavio, que nuestra vista se pierde entre los inmensos cultivos de esta planta, donde se visualiza además el vivo color verde que tiñen esos imponentes tallos, así como se evidencia también a diversos trabajadores que día a día, bajo los luminosos rayos del sol trabajan la tierra, con un fervor tan suyo que con el tiempo nuestro paladar no tarda en degustar el rico sabor de nuestra inigualable Azúcar Cartavio.

Teniendo en cuenta esa pequeña y sucinta introducción, preciso conveniente narrarles que allá por los años treinta y sesenta en el pueblo de la Hacienda Cartavio, la empresa dedicada a la producción de la caña de azúcar, nos referimos al Grupo Grace, se encargaba de preparar en las instalaciones de la cocinería, donde actualmente funciona la compañía de bomberos, para luego repartir un rico, suculento y sustancioso caldo, el mismo que estaba compuesto de habas, trigo, frijol, yuca, además de contener parte de una cabeza de res, vísceras, mondongo y la parte del cogote de cerdo, a sus incansables trabajadores, los cuales recibían ese plato en pequeños recipientes, denominados mates o para tal fin también procedían a lavar su palana para recibir el famoso caldo que con el tiempo denominaron “CALDO DE HUARACA”, ello en alusión a la similitud del mondongo con el jebe de la huaraca u honda, la misma que era utilizada para matar inocentes cotorritas y escurridizas lagartijas, con la finalidad de lograr entre los mismos un mejor rendimiento físico, mientras se encontraban desempeñando sus labores cotidianas.

En ese orden de ideas, el caldo antes citado, que a la postre se convirtió en una tradición culinaria cartavina, era transportado diariamente en una acémila y seguía el siguiente trayecto, desde la cocinería hasta los verdes campos donde laboraban los trabajadores, los mismos que mayormente provenían de nuestra gloriosa Sierra Liberteña. Cuenta la tradición que aquellos trabajadores, esperaban la primera ración del típico plato a las nueve de la mañana y luego a las dos de la tarde aproximadamente.

Se observa la fábrica de azúcar. El grupo de casas de la derecha no habían. Y donde señala la flecha blanca era el lado donde se repartía la leche cruda de vaca. La Racionería está detrás de esas viviendas.


Parte trasera de la Racionería, calle Espinoza. La flecha blanca indica dónde se repartía la leche de vaca. Mucha gente hacía colas y a otras mujeres se les pagaba para que recojan en lugar de las amas de casa. Las manchas negras muestran las antiguas puertas (en la más ancha entraba el tanque de leche).


Cartavio Cooperativa
Por el año 1968 el Presidente de la República del Perú, Juan Velasco Alvarado, estatizó muchas de las entonces grandes haciendas agrícolas y Cartavio no fue ajena a ello. Cartavio entonces pasa a ser propiedad de sus mismos trabajadores llamándosele “Cooperativa”.

Cuando comencé a tener noción del tiempo y a darme cuenta de las actividades que realizaba la empresa en tiempos del cooperativismo por los años 80’s, en mi padre Fernando Núñez Pimentel veía que su jornada de 8 horas era permanente, tenía turnos de trabajo. Cuando ingresaba a las 8:00 p.m. y se suponía que salía a las 4:00 a.m.; él era visto en casa antes de la media noche. ¿Por qué? les explicaré.

El portón antiguo era de madera y por medio de una ventanita chiquita atendían a la gente para servir la comida. Pero cuando era para el Caldo de Huaraca se necesitaba abrir un lado del portón. Por este lado más rápido se llegaba a la Cocinería. Hoy, es local de la Compañía de Bomberos por eso los colores rojo y amarillo.


A las 11:00 p.m. Mi papá traía un balde de regular tamaño con caldo y aparte en el bolsillo de su mameluco de obrero, dos tickets. Consistía en un caldo con una presaza de res o de pollo con dos panes tipo pitipán o francés.
Él dejaba en casa los tickets para asistir a la “Racionería de la Empresa” y obtener el delicioso caldo. A esa hora, era interesante observar cómo las familias iban con sus depósitos. Logré ver a algunas personas que llevaban hasta ollas de aluminio y canastas de paja para guardar ahí los recipientes.
En la racionería; por lo menos, observaba a dos personas responsables al servicio de la comunidad. Uno se encargaba de recibir los tickets y entregar los panes a los trabajadores o a sus parientes; mientras el otro servía el caldo calientito con un gran cucharón de metal que era sacado de una gran olla oscura. Estos señores llevaban como identidad de uniforme un mameluco plomo como el que tenían los obreros de ese entonces.
El balde en el que recibíamos el caldo era del tamaño de aquellos baldes de pintura que vemos en las ferreterías.

Nuestra familia se reunía en esas horas de la noche para probar el caldito. Algo con cara de sueño. Lo peor era levantarse cuando era invierno y se tenía mucho sueño ya que al día siguiente se tenía que ir a la escuela.
A veces yo no podía estar despierto hasta tan tarde, muy pequeño era pues, por lo que recuerdo que mi hermana Azucena una vez me fue a ver al cuarto para avisar que el “Caldo de Huaraca” había llegado a la casa. No tuve fuerzas para despertar, entonces mi hermana fue de nuevo al cuarto y puso en mi boca un bocado de carne de res. No sé cómo mastiqué ese pedazo de presa pero al menos probé algo.

Con el pasar de los años siempre escuchaba sobre la Racionería y a alguien que decía: “¿Te acuerdas cuando servía la empresa el Caldo de Huaraca?”, quedando el recuerdo, solo el recuerdo.

Nota: Vale recordar que en tiempos del cooperativismo, la Racionería servía el almuerzo de lunes a sábado a eso del medio día. Por lo que se llevaba un conjunto de dos viandas, en una se servía caldo y en la otra el arroz como segundo plato. Bastaba decir el nombre del trabajador a los que laboraban en la repartición para que nos atiendan.

Vocabulario (incluye modismo)

Ø  Hacienda: Terreno agrícola y/o ganadera cuya propiedad es de un hacendado para quien trabajaban los contratados o gente estable. Muchos de sus trabajadores habían migrado de la sierra.
Ø  Mameluco: Traje que cubría todo el cuerpo. Con botones en el pecho que iba desde la pelvis hasta el cuello. Poseía bolsillos en la parte delantera y posterior como los pantalones de hoy.
Ø  Presaza: Presa grande.
Ø  Caldo de Huaraca: Comida compuesta de habas, trigo, frijol, yuca, además de contener parte de una cabeza de res, vísceras, mondongo y la parte del cogote de cerdo. Con el tiempo se le llamó así a los caldos de pollo y de res.

Antiguo local del entonces Partido Izquierda Unida, muy famoso por el año 1985. Algunas personas descansaban sentadas en la vereda o apoyadas en la pared cuando esperaban la repartición de frijoles, arroz, etc. por parte de la racionería. Este local está al costado de la misma Racionería, es que por esos tiempos en más de una puerta se entregaban productos alimenticios a los trabajadores separándolos en sectores: fábrica, garaje, etc. El aspa blanco indica que ahí no había viviendas.


Fuentes
v  II Concurso Interno de Alegorías “Así es Mi Perú” realizada por la I.E.P. “Benjamin Franklin” el 15-07-2011. Siendo Presidente de la Comisión de Fiestas Patrias el docente Miguel Núñez y siendo Tutora de 2do año de Secundaria la docente Teresa Cárdenas Jáuregui, cuya aula ganó en la Categoría III con el relato “El Caldo de Huaraca”.
v  Juan Manrique. Director de la Biblioteca “Francisco Xandoval”-Cartavio.
v  Miguel Núñez Bartolo.



sábado, 6 de agosto de 2011

El Cura sin Cabeza

El Cura sin Cabeza
El Bypass (“baipás” pronunciado en castellano) se hizo como camino que cumpliría dos funciones: pasar pro encima los trailers y por debajo pequeños vehículos y los transeúntes. Sin embargo en los años 40 hasta pasado los 70 del siglo XX no existió.
Desde niño oía hablar de un camino alto, un antiguo puente. Ese antiguo puente era de diseño peatonal ubicado a la altura de la primera cuadra de la Calle Primavera. Por debajo de él servía como vía terrestre por donde circulaban los trenes llevando en sus cargas grandes toneladas de caña de azúcar quemada. Se ubicaba en exactamente en toda la mitad de la primera cuadra de la calle Primavera sirviendo como límite a “Cartavio Viejo” y el sector “Ingenio”; también sirvió como vía para que la gente deba cruzarlo por medio de un puente peatonal y evitar cualquier accidente con los trenes que pasaban por debajo. El lugar de abajo era llamado también con el nombre de “Máquinas” y “Líneas” refiriéndose a las vías férreas. Aquel puente estaba fabricado de fierro, madera y cemento. Se encontraba iluminado con postes de energía eléctrica.
Las hermanas Olga, la mayor de 14 años, y Susana de 7 años de edad; tuvieron una historia impactante. Por los cálculos que hice; este suceso ocurrió antes de 1948, antes del incendio del Antiguo Mercado, exactamente en 1946 cuando gobernaba el Perú don Luis Bustamante y Rivero.

A un lado del antiguo mercado en la segunda cuadra de la calle Proaño; la madre de ellas, doña María Ruperta Briceño Calderón, vendía en la zona llamada “La Ramada” un café que obtenía a través del tostado de semilla. Los comerciantes tenían sus puestos hechos de esteras y palos. En La Ramada se ofrecían también unos productos como comida, té, agua gaseosa, pan con mantequilla, pan con queso y pan con chancho. Mitad del lugar era de desayuno y la otra era de venta de comida.
Doña María se encargaba de ofertar desayuno a los comensales pero necesitaba siempre del apetecible pancito.
Un día se estaba haciendo tarde y el pan debería mantenerse preparado con tiempo. Unos pancitos de manteca no se malograrían para la mañana del siguiente día.
Ubicación antigua de la llamada "Ramada", sitio de venta de comidas. Calle Proaño.

Ya de noche, a eso de las 7:00 p.m. doña María Briceño pidió a su hija Olga para que fuera a comprar pan al Ingenio, pero Olga no quería. Según ella le daba pereza. Siempre era ella la que tenía que comprar. Y se preguntaba “¿por qué no va Leonardo?”.
Por esos tiempos de hacienda, el hermano mayor no debía asistir a esos mandados porque según la creencia “era como el patrón de la casa” ya que laboraba en el campo para la Hacienda. El papá vivía en Moncada, pues se había separado de esta familia hace unos años.

Continuando el caso, ocurre la siguiente conversación:
Ø  Doña María: Lleva a tu hermana Susana.
Ø  Olga: Pero mamá. Susana no camina rápido y demoraré con ella.
Ø  Doña María: No te preocupes, anda nomás con ella.

El hecho es que la mayor de las mujercitas tuvo que hacer caso, una hija o un hijo en ese tiempo no podía retar a una madre así nomás.

La Calle "La Línea" (se ve la 2da. cuadra) hoy llamada "Primavera" por donde pasaban los trenes. Ese muro no existía. Foto: Miguel Núñez

Locomotoras similares a ésta cruzaban el bypass. 
Foto en el Museo Chiclín: Miguel Núñez.
Cartavio Viejo era la zona donde vivía la gente que representaba a la población, a la masa trabajadora, a aquellos individuos que con su chispa o con seriedad mostraban mucha responsabilidad y respeto a su trabajo, a su familia y sobre todo a sus creencias. Diversas personas habían vivido cosas paranormales en el campo o cuarteles, en la fábrica, en sus calles y en sus rutas al dirigirse a sus casas… ¿podrá alguien decir que es esto o aquello una mentira si nunca lo vivió, si nunca escuchó de primera mano el testimonio de gente seria? Pues creo que no.

Las hermanas caminaron en dirección del sector Ingenio. Cruzaron las calles Proaño, Ramos, Vásquez, llegando a la calle Primavera o “La Línea”, llamada así porque frente a ella pasaban los trenes con sus vagones. Después vieron el Antiguo Puente que fue también cruzado, entraron por la calle que da con el local del Club Deportivo Sporting Tabaco hasta ingresar a la calle que da frente a la Iglesia Adventista del 7tmo día (edificio que no existía como tal). Llegó así a la casa donde se vendía pan; compró el pan con una cantidad que daba por la mitad de un costalillo el que después llevó a la espalda con una mano y a Susana llevó de la otra mano.

La línea del tren en color negro, hoy es usado por trailers. De las líneas sólo quedaron el recuerdo. El muro de ladrillo es el que da con la calle Primavera o ex calle La Línea. 
Foto: Miguel Núñez.


Calle Salaverry-Sector Ingenio en el otro lado del Bypass.
Foto: Miguel Núñez.

Al regreso, vieron de nuevo el puente. A punto de subir observaron que no había otras gentes. Ascendieron solas pero Susana no quería que se le tomara de la mano. Olga la soltó y la dejó atrás pensando que su pequeña hermana le seguiría. Cosas de niños pues. Sin embargo a los pocos segundos, sintió como que su hermana no estaba haciendo caso a seguir el camino al hogar que era en dirección de Cartavio Viejo. Entonces al voltear miró cómo Susanita se dirigía en sentido contrario hacia uno de los lados del puente. Olguita teniendo el costalillo de pan sobre su espalda vio lo que nunca se imaginó: una persona extraña que no había estado en el puente, “un bulto” cuyo cuerpo flotaba en el aire, agachado. Ese bulto estaba como mirando hacia abajo, esperando pasar la máquina (tren). Pero ¿cómo determinar si miraba pues no se veía su cabeza?, su cuerpo era algo extraño, todo oscuro o negro con una túnica larga como de los monjes o curas. Su rostro no se veía nada de lejos a pesar de la luz de los postes, aunque se le notaba una cubierta de tela sobre su cabeza a manera de capucha o algo parecido.
Retrato simulado sobre el espíritu en el bypass

Efectivamente casi de inmediato, los nervios hicieron que se escarapelara el cuerpo todo de Olga y desesperada gritó: “¡Susana! ¡Susana! ¡VEEEEN!” Llamando a su hermanita que se dirigía hacia ese ser extraño. Decidió de manera veloz acercarse a ella y la tomó de la mano, ocurriendo un corto diálogo:
Olga: “¡Vámonos ya! Más allá te diré una cosita”.
Susana: “¿...?” _la pobre no sabía qué era lo que sucedía o parecía que no entendía_
Y fueron juntas rápido del otro lado del puente…apurando el paso como nunca.
Cuando estaban bajando del otro lado ya veían venir gente. Olga volteó a mirar para ver si el bulto estaba atrás, pero curiosamente había desaparecido. Ya no estaba más ni tampoco daba muestras de seguirlas. Entonces aprovecha en decirle a la pequeña “ese es el muerto, es el hombre sin cabeza”.

Al llegar a casa contó temblorosa a su mamá y a su hermano mayor Leonardo. Ellos escucharon toda la versión, se sintieron como culpados, entonces manifestaron que ya no irían tarde a traer el pan. Según Olga de ahí pocas veces asistió al Ingenio para cruzar ese antiguo puente peatonal.

Crítica
v  Ciertas personas hacían sus necesidades fisiológicas en los límites de la vía férrea. Se “ocupaban” o defecaban. Cuando pasaban por el lugar ya sea corriendo caminando, quizá para sacar cañas quemadas pues sufrían los accidentes. He ahí el temor de quienes pasaban por la zona, sabiendo de las muertes, decidían usar el puente peatonal.
v  Frases como “¡qué laya mi cuerpo!” es común escuchar de mi madre y personas antiguas cuando sufren alguna aparición o hecho curioso. Esa frase hace indicación de expresión como equivalente a decir “¡qué cosas sentía en mi cuerpo!”.
v  Mi tía Susana llamó hoy por teléfono (06-08-2011) y me indició que ella sí vio al bulto y que luego con mi mamá Olga fueron corriendo a casa todas asustadas. Sí, mi tía es la misma pequeña traviesa que se había quedado en el puente a quien mi madre llamó cuando vieron el 'Hombre sin Cabeza' ('Cura sin Cabeza' es la tradición en Cartavio).
v  Las personas que pueden ver lo que otros no, tienen un sentido especial de comunicación con los que están fallecidos. Es un anuncio. Preguntando a mi madre Olga quería saber su apreciación de lo acontecido. Ella expresó: “hijo, eso es manifestación de que alguien va a morir o también es la manifestación de las personas que murieron en el pasado cuando fueron atropellados por el tren y sus almas se encuentran penando”.
Susana y Olga. Las señoras que de niñas vivieron el relato
Susana y Olga. Las señoras que de niñas vivieron el relato

Fuente oral
v  Olga Gregoria Bartolo Briceño (79 años).
v  Susana Córdova Briceño (72 años).