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jueves, 19 de julio de 2012

Los duendecillos


Por el verano del año 1997 en el Campo 21 cerca al Pozo Nº 01 se hallaba don Espinoza laborando para la empresa Cartavio. La caña de azúcar no era el centro del cuidado sino los motores que ahí se dejaban de vez en cuando.
A continuación veremos el relato en ese campo que no es muy cercano al poblado de Cartavio.

“Estaba cuidando motores. Ya habían cosechado y estaban regando. En medio de los cuarteles hay una acequia llamada “Ayudante” donde crecen laureles.
Más o menos a las 9:00 p.m.  viene el regador llamado “Borrego” preguntando por su mochila (ropa ahí había) y se fue. Después de media hora regresó y dijo que no encontró las cosas.
Pasó la ronda a las 11:45 p.m. para saber si yo y los demás estábamos trabajando. Luego, el mismo trabajador vino de nuevo hacia mí, entonces se dio cuenta que ya no estaban sus yanques ni sus machetes. Me pide que le ayude a buscarlos.

Llegamos a la fila de laureles de la acequia y vimos unos hombrecitos de 30 a 40 cm de altura jugando con las cosas del amigo. Esos hombrecitos eran gringuitos, estaban desnuditos, pero al ver la luz de nuestras linternas se quedaron quietos y huyeron metiéndose en las pequeñas cañas.

Cuando eso sucedió con los pequeños hombres vimos rastros de palana arrastradas, todas las cosas del trabajador del campo estaban tiradas por el suelo. Nos asustamos.
Un trabajador llamado “Machete” sí nos creyó porque los había visto antes.
Algunos señores que vivían por ahí decían que sí era cierto pues tenían sus chacras, creo que era la familia Ávalos o Dávalos”.

Fuente oral
Sr. Alfredo Espinoza Novoa (50 años).