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sábado, 6 de agosto de 2011

El Cura sin Cabeza

El Cura sin Cabeza
El Bypass (“baipás” pronunciado en castellano) se hizo como camino que cumpliría dos funciones: pasar pro encima los trailers y por debajo pequeños vehículos y los transeúntes. Sin embargo en los años 40 hasta pasado los 70 del siglo XX no existió.
Desde niño oía hablar de un camino alto, un antiguo puente. Ese antiguo puente era de diseño peatonal ubicado a la altura de la primera cuadra de la Calle Primavera. Por debajo de él servía como vía terrestre por donde circulaban los trenes llevando en sus cargas grandes toneladas de caña de azúcar quemada. Se ubicaba en exactamente en toda la mitad de la primera cuadra de la calle Primavera sirviendo como límite a “Cartavio Viejo” y el sector “Ingenio”; también sirvió como vía para que la gente deba cruzarlo por medio de un puente peatonal y evitar cualquier accidente con los trenes que pasaban por debajo. El lugar de abajo era llamado también con el nombre de “Máquinas” y “Líneas” refiriéndose a las vías férreas. Aquel puente estaba fabricado de fierro, madera y cemento. Se encontraba iluminado con postes de energía eléctrica.
Las hermanas Olga, la mayor de 14 años, y Susana de 7 años de edad; tuvieron una historia impactante. Por los cálculos que hice; este suceso ocurrió antes de 1948, antes del incendio del Antiguo Mercado, exactamente en 1946 cuando gobernaba el Perú don Luis Bustamante y Rivero.

A un lado del antiguo mercado en la segunda cuadra de la calle Proaño; la madre de ellas, doña María Ruperta Briceño Calderón, vendía en la zona llamada “La Ramada” un café que obtenía a través del tostado de semilla. Los comerciantes tenían sus puestos hechos de esteras y palos. En La Ramada se ofrecían también unos productos como comida, té, agua gaseosa, pan con mantequilla, pan con queso y pan con chancho. Mitad del lugar era de desayuno y la otra era de venta de comida.
Doña María se encargaba de ofertar desayuno a los comensales pero necesitaba siempre del apetecible pancito.
Un día se estaba haciendo tarde y el pan debería mantenerse preparado con tiempo. Unos pancitos de manteca no se malograrían para la mañana del siguiente día.
Ubicación antigua de la llamada "Ramada", sitio de venta de comidas. Calle Proaño.

Ya de noche, a eso de las 7:00 p.m. doña María Briceño pidió a su hija Olga para que fuera a comprar pan al Ingenio, pero Olga no quería. Según ella le daba pereza. Siempre era ella la que tenía que comprar. Y se preguntaba “¿por qué no va Leonardo?”.
Por esos tiempos de hacienda, el hermano mayor no debía asistir a esos mandados porque según la creencia “era como el patrón de la casa” ya que laboraba en el campo para la Hacienda. El papá vivía en Moncada, pues se había separado de esta familia hace unos años.

Continuando el caso, ocurre la siguiente conversación:
Ø  Doña María: Lleva a tu hermana Susana.
Ø  Olga: Pero mamá. Susana no camina rápido y demoraré con ella.
Ø  Doña María: No te preocupes, anda nomás con ella.

El hecho es que la mayor de las mujercitas tuvo que hacer caso, una hija o un hijo en ese tiempo no podía retar a una madre así nomás.

La Calle "La Línea" (se ve la 2da. cuadra) hoy llamada "Primavera" por donde pasaban los trenes. Ese muro no existía. Foto: Miguel Núñez

Locomotoras similares a ésta cruzaban el bypass. 
Foto en el Museo Chiclín: Miguel Núñez.
Cartavio Viejo era la zona donde vivía la gente que representaba a la población, a la masa trabajadora, a aquellos individuos que con su chispa o con seriedad mostraban mucha responsabilidad y respeto a su trabajo, a su familia y sobre todo a sus creencias. Diversas personas habían vivido cosas paranormales en el campo o cuarteles, en la fábrica, en sus calles y en sus rutas al dirigirse a sus casas… ¿podrá alguien decir que es esto o aquello una mentira si nunca lo vivió, si nunca escuchó de primera mano el testimonio de gente seria? Pues creo que no.

Las hermanas caminaron en dirección del sector Ingenio. Cruzaron las calles Proaño, Ramos, Vásquez, llegando a la calle Primavera o “La Línea”, llamada así porque frente a ella pasaban los trenes con sus vagones. Después vieron el Antiguo Puente que fue también cruzado, entraron por la calle que da con el local del Club Deportivo Sporting Tabaco hasta ingresar a la calle que da frente a la Iglesia Adventista del 7tmo día (edificio que no existía como tal). Llegó así a la casa donde se vendía pan; compró el pan con una cantidad que daba por la mitad de un costalillo el que después llevó a la espalda con una mano y a Susana llevó de la otra mano.

La línea del tren en color negro, hoy es usado por trailers. De las líneas sólo quedaron el recuerdo. El muro de ladrillo es el que da con la calle Primavera o ex calle La Línea. 
Foto: Miguel Núñez.


Calle Salaverry-Sector Ingenio en el otro lado del Bypass.
Foto: Miguel Núñez.

Al regreso, vieron de nuevo el puente. A punto de subir observaron que no había otras gentes. Ascendieron solas pero Susana no quería que se le tomara de la mano. Olga la soltó y la dejó atrás pensando que su pequeña hermana le seguiría. Cosas de niños pues. Sin embargo a los pocos segundos, sintió como que su hermana no estaba haciendo caso a seguir el camino al hogar que era en dirección de Cartavio Viejo. Entonces al voltear miró cómo Susanita se dirigía en sentido contrario hacia uno de los lados del puente. Olguita teniendo el costalillo de pan sobre su espalda vio lo que nunca se imaginó: una persona extraña que no había estado en el puente, “un bulto” cuyo cuerpo flotaba en el aire, agachado. Ese bulto estaba como mirando hacia abajo, esperando pasar la máquina (tren). Pero ¿cómo determinar si miraba pues no se veía su cabeza?, su cuerpo era algo extraño, todo oscuro o negro con una túnica larga como de los monjes o curas. Su rostro no se veía nada de lejos a pesar de la luz de los postes, aunque se le notaba una cubierta de tela sobre su cabeza a manera de capucha o algo parecido.
Retrato simulado sobre el espíritu en el bypass

Efectivamente casi de inmediato, los nervios hicieron que se escarapelara el cuerpo todo de Olga y desesperada gritó: “¡Susana! ¡Susana! ¡VEEEEN!” Llamando a su hermanita que se dirigía hacia ese ser extraño. Decidió de manera veloz acercarse a ella y la tomó de la mano, ocurriendo un corto diálogo:
Olga: “¡Vámonos ya! Más allá te diré una cosita”.
Susana: “¿...?” _la pobre no sabía qué era lo que sucedía o parecía que no entendía_
Y fueron juntas rápido del otro lado del puente…apurando el paso como nunca.
Cuando estaban bajando del otro lado ya veían venir gente. Olga volteó a mirar para ver si el bulto estaba atrás, pero curiosamente había desaparecido. Ya no estaba más ni tampoco daba muestras de seguirlas. Entonces aprovecha en decirle a la pequeña “ese es el muerto, es el hombre sin cabeza”.

Al llegar a casa contó temblorosa a su mamá y a su hermano mayor Leonardo. Ellos escucharon toda la versión, se sintieron como culpados, entonces manifestaron que ya no irían tarde a traer el pan. Según Olga de ahí pocas veces asistió al Ingenio para cruzar ese antiguo puente peatonal.

Crítica
v  Ciertas personas hacían sus necesidades fisiológicas en los límites de la vía férrea. Se “ocupaban” o defecaban. Cuando pasaban por el lugar ya sea corriendo caminando, quizá para sacar cañas quemadas pues sufrían los accidentes. He ahí el temor de quienes pasaban por la zona, sabiendo de las muertes, decidían usar el puente peatonal.
v  Frases como “¡qué laya mi cuerpo!” es común escuchar de mi madre y personas antiguas cuando sufren alguna aparición o hecho curioso. Esa frase hace indicación de expresión como equivalente a decir “¡qué cosas sentía en mi cuerpo!”.
v  Mi tía Susana llamó hoy por teléfono (06-08-2011) y me indició que ella sí vio al bulto y que luego con mi mamá Olga fueron corriendo a casa todas asustadas. Sí, mi tía es la misma pequeña traviesa que se había quedado en el puente a quien mi madre llamó cuando vieron el 'Hombre sin Cabeza' ('Cura sin Cabeza' es la tradición en Cartavio).
v  Las personas que pueden ver lo que otros no, tienen un sentido especial de comunicación con los que están fallecidos. Es un anuncio. Preguntando a mi madre Olga quería saber su apreciación de lo acontecido. Ella expresó: “hijo, eso es manifestación de que alguien va a morir o también es la manifestación de las personas que murieron en el pasado cuando fueron atropellados por el tren y sus almas se encuentran penando”.
Susana y Olga. Las señoras que de niñas vivieron el relato.

Fuente oral
v  Olga Gregoria Bartolo Briceño (79 años).
v  Susana Córdova Briceño (72 años).