Wikipedia

Resultados de la búsqueda

jueves, 4 de agosto de 2011

El muerto y la niña

El muerto y la niña
La dirección exacta es esta. Donde había una puerta, hoy es una ventana. El poyo o asiento de barro tampoco está. Ese holl ni existía.

Cuenta que en la calle Zafra Nº 104 de la hacienda Cartavio una niña sufre cierta vivencia alrededor del año 1940, una vivencia que no quiso volver a repetir.

“Vivía una señora mayor en dicha casa y vendía chicha de jora. Esta señora metía cuentos a su vecina de cuarto (María Briceño) indicando que la hija se portaba mal. La niña Olga era castigada sin poder tener derecho a reclamo alguno. Imagínense la autoestima de la pequeña, era tomada como traviesa y aún peor como la mala de la película.
Llegó el día en que esa señora que incomodaba a la niña cambió de vivienda y, con el tiempo, solo quedó la familia de Olga y otras dos familias más en la misma casa como era costumbre en los tiempos de hacienda. Seguro que esta pequeña había logrado ver que la tranquilidad llegó a su vida, pues ya no tenía a la espesa señora viviendo en la misma vivienda.
 La señora, cuyo nombre no se sabe, y que incomodada a la niña Olga se fue a vivir justo en la casa de enfrente (izquierda) de color amarillo. Hoy su dueña es doña Tina y son dos casas en una.

En ese tiempo no había energía eléctrica en las casas pero sí en las calles. La gente en sus hogares se iluminaba con lámparas de vidrio o velas. Las calles de Cartavio Viejo poseían unos antiguos postes en forma de “T” en todo el centro, con unos focos potentes, también había esas antiguas cañerías con una infraestructura fabricada de ladrillo y cemento que servía para los vecinos que no poseían agua dentro de sus hogares.

Local del antiguo cine "Cartavio" famoso en tiempos de Hacienda y luego en Cooperativa ubicada en plena calle San Martín o al costado de la canchita del mismo nombre. La entrada principal para mezanine y preferencia, hoy tapiada. Otra de las entradas era por la derecha (a un costado) para servicios en platea. En la actualidad la empresa usa el local como depósito.

Llegó el día de la visita al cine, donde concurrían muchas personas para disfrutar las películas en familia. La pequeña Olga vio que la suya iba a asistir y pidió ir al cine pero su mamá María dijo “no, tú te quedas en la casa”. Al cine asistieron su madre María y sus hermanos Leonardo y la aún bebita Susana.

Olga quedó en casa de su madrina; después decidió regresar a su propio hogar; prendió la lámpara y de ahí se fue a dormir en pleno piso como era de costumbre. Mientras estaba recostada, bajó la mechita encendida de la lámpara y se cubrió con una fresada. De repente en la entrada de su cuarto vio a un “aparecido” o "bulto" frente a ella de quien no veía su rostro, pero pudo observar una especie de capucha sobre su cabeza. Los nervios se iban apoderando poco a poco de todo su ser, tanto así que recordó haber gritado para que su madre vaya en su auxilio. Gritó y gritó pero su mamá nunca apareció. Lo peor de esa aparición era que ese individuo no se iba y encima no tocaba el suelo osea que flotaba cual fantasma como el que se ven en las películas de terror. Se cubrió con la fresada pensando así que encontraría un buen refugio pero no fue suficiente. Entonces, con el cuerpo tembloroso y una voz llorosa usó una mano y se persignó una vez, el espíritu seguía ahí; se persignó de nuevo pero el espíritu no se iba y en la tercera señal recién el aparecido se retiró dando media vuelta en dirección de la puerta de la calle.

El susto no abandonaba a la pequeña quien siguió con su grito “¡Mamá! ¡Mamá!” varias veces, y salió corriendo. Se sentó en el poyo (palabra peruana referida al asiento de barro) que estaba a un lado de la puerta en la calle. Olga llorando se quedó ahí por buen rato esperando a su madre y hermanos que no habían llegado del cine. Mientras pasaban los minutos, una señora anciana de estatura baja, vecina suya, salió hacia la calle para recoger agua de la cañería, entonces viendo a la pequeña sentada en el poyo le preguntó preocupada “¿qué tienes Olguita?” y Olga respondió que había visto a un “bulto” en casa. La anciana preocupada de la niña decidió llevarla a su casa para que descanse.


La flecha indica un poyo. Asiento similar donde quedó sentada la pequeña Olga al momento de salir corriendo de su casa (la foto pertenece al sector Santa Rosa-Cartavio).

 
Mirando la hora, Olga vio a la gente que venía del cine Cartavio. La anciana, resondró a doña María Briceño por el hecho de no haber llevado también a la hija a ver la película. Palabras como esta era recordada por Olga cuando la anciana llamaba la atención a su madre: “¿Qué hubiera pasado con tu hija?… ¡la hubieras encontrado babeando y muerta! ¡Da gracias a Dios que tu hija es aún una niña y el muerto no se la llevó!”.

Doña María Briceño explicó a su hija Olga que sus gritos no podían ser escuchados en esos casos tan terribles porque resulta que los bultos y su poder maléfico lo impiden. Así nadie podía escuchar los pedidos de socorro aunque se esté despierto.

¿Qué ocurrió al día siguiente?, ¿se acuerdan de la otra vecina del comienzo del relato?, ¿aquella que se llevaba mal con la pequeña Olga? Pues fallece.
Según el relato nos indica que se estaba anunciando la muerte de una persona por medio de un “espíritu” o “bulto” que asustó a una niña a quien nunca vio bien.
La vivienda de la niña es hoy esta casa, es la misma pero dos casas en una (la verdadera casa de ese entonces era solo donde esta la ventana de la izquierda). Han pasado casi 80 años y ella sigue viviendo ahí.

Fuente oral
v  Señora Olga Gregoria Bartolo Briceño (79 años).

Crítica
v  El relato es real, lo escuché desde niño. Había conseguido esta fuente de mi misma madre. Pregunté hasta el cansancio si ella había visto Tv o tenía miedo antes de dormir, pero me respondió que no, que todo había sucedido sin que ella lo tenga en mente. Además a esa edad nunca tuvo una Tv.
v  Dicha vivencia sucedió en tiempos que Cartavio tenía a muchas personas sufriendo con “apariciones”, apariciones que para muchos hoy les resultaría difícil creer.
Cuando de joven integré cierto grupo parroquial y luego religiones protestantes y la universidad, intenté no creer en ello (apariciones) o al menos sí en pensar que eran cosas del “diablo” o de “uno mismo”; sin embargo el tiempo pasó y mi personalidad, ya más madura, me exige que sea crítico y tolerante con ciertas cosas y creencias. No puedo afirmar que esas historias sean 100% falsas, estoy de acuerdo que esos acontecimientos suceden hoy pero de manera distinta. Gente que no quiere creer quedará en eso, pero aquellos que creen deberán saber que son cosas tan extrañas que la ciencia ni puede explicarlas a menos que vayas a la parapsicología o a otro medio.
v  Estos relatos nos enseñan cuán conectados pueden estar los vivos con los muertos o con los que están por morir. Los antiguos peruanos tenían respeto por los moribundos, por los muertos y creían en la otra vida, no en el cielo o el infierno como nos enseña el cristianismo, sino en una vida mejor junto con los que hicieron bien en el presente mundo.
Entonces, regresando al fondo del relato, podemos concluir que de una persona aún no fallecida puede saberse que morirá cuando se ven “bultos”, “espíritus”, “almas”, señal de su futura desaparición. La señora de enfrente NO era tan buena que digamos y parece que se despidió de la niña antes de morir.